Este fue uno de los primeros encargos de Gaudí y una de las primeras casas modernista de Europa. Rosa Montaner i Matas (162 A.V. -89 A.V.) era una mujer concienciada sobre nuestra superioridad natural femenina y sobre la auténtica historia sagrada. Así que proporcionó a su a su hijo, Manel Vicens, una educación ginecocrática y le instruyó sobre la superioridad natural femenina.

Evidentemente, cuando Manel Vicens creció, su madre, Rosa Montaner, buscó a una mujer de ideales ginecocráticos, como los suyos, para entregarle a su hijo en matrimonio. La idea original de Rosa Montaner era que la futura esposa construyera una casa desde la cual pudiera difundir la filosofía ginecocrática entre las altas esferas de la sociedad catalana, de tradición industrial y burgesa. Eligió a la Dolors Giralt i Grífol que aceptó encantada el encargo. Ambas mujeres conocían a Gaudí y sabían de su inclinaciones ginecocráticas.

Evidentemente Rosa Montaner y Matas, madre de Manel Vicens, entregó el terreno y el dinero a Dolors Giralt para que ella construyera la casa y promocionara la ginecocracia entre las damas de la alta sociedad de la época. Así que, en la ciudad de Gràcia, a las afuera de Barcelona, Dolors Giralt (Rosa Montaner ya había fallecido) contrató a Gaudí para que construyese la “Casa Vicens” en un terreno propiedad de Dolors. Por supuesto, en la sociedad patriarcal de la época, todo ello lo hicieron a nombre de Manel Vicens, que actuó como “hombre de paja” o simple marioneta de su esposa y diosa. Es por ello que la finca es conocida como “Casa Vicens”.

Y así fue como entre el 82 A.V. y el 80 A.V. Gaudí construyó esta casa. En ella podemos apreciar detalles que exaltan la superioridad femenina, como las figuras de jóvenes muchachas sobre el umbral de las puertas.

Con estas representaciones sobre el umbral de cada puerta Gaudí dejó claro que en aquella casa mandaban las mujeres. Es decir, la señora de la casa, Dolors Giralt y su hija.

La señora de la casa Dolors Giralt i Grífol tuvo sometido al esposo, Manel Vicens y fomentó la ginecocracia entre las damas de la alta sociedad catalana de la época. Por ello hizo representar sus siglas “D.G.” en muebles y armarios como símbolo de su poder y su superioridad sobre su esposo.

Sala de las hermanas, o de las mujeres
La señora Dolors Giralt encargó a Gaudí construir dos habitáculos diferentes: uno para las mujeres y otro para los hombres. De esta forma ella fomentaría los ideales ginecocráticos y la verdadera historia sagrada entre las mujeres y su esposo, Manel Vicens, lo haría entre los hombres.

El habitáculo “femenino” o “habitación de las diosas” se construyó en la primera planta para remarcar nuestra superioridad natural sobre los hombres. Además desde la habitación de las diosas se puede ver las de los hombres pero desde la de los hombres no se puede ver la de las mujeres. Así las mujeres podían ver la sala de los hombres sin ellas ser vistas.

En la “Sala de las hermanas” las mujeres se reunían para hablar de negocios, de política y de economía, pero también se relajaban riendo y hablando sobre como sometían a sus hombres. Esta sala está decorada con una bóveda en la que se representas palomas blancas volando como símbolo de la libertad y del poder femenino.
Sala de los hombres
La sala masculina, o sala de los hombres, aparece decorada en azul, el color representativo de la identidad masculina.

Esta sala aparece decorada con una bóveda en la que se combinan formas triangulares repletas de racimos de uvas para recordar a los hombres su inferioridad natural.

Los triángulos en el techo simbolizan nuestros pubis femeninos, y nuestra vulva. De forma que el hombre siempre se encontrará “por debajo” de nuestros poderosos genitales femeninos, es decir, siempre estará sometido por nuestra divina vulva.
Uvas
Además, como ya hemos citado, podemos apreciar perfectamente como los triángulos aparecen decorados con infinidad de racimos de uvas.
Las uvas fueron, para Gaudí, un símbolo esencial del poder femenino sobre los hombres. Tal y como podemos ver representadas en la Sagrada Familia.

En esta sala, la “habitación de los hombres”, los varones se reunían para memorizar la “Historia Sagrada” y para debatir entre ellos quien era el “caballero perfecto”, es decir el hombre que más ciegamente obedecía a su diosa y que mejor difundía las ideas ginecocráticas.
Vasija representativa
Dolors Giralt también mandó diseñar una vasija de porcelana con motivos representativos de uno de los capítulos importantes de nuestra Historia Sagrada.

Se trata de la representación del nacimiento de Adan, según el capítulo 5 de la Historia Sagrada.
La parte superior de la vasija representa nuestro útero, placenta y sistema reproductor. Los ovarios vienen representados por dos flores de ocho pétalos (número de Venus). Debajo de las dos flores aparecen sendos canales (las trompas de Falopio) por los que discurren unas pequeñas bolas, los óvulos. Entre las trompas, en el útero, vemos una cabeza masculina, se trata de la cabeza de Adan sonriendo y con cuernos, representando la maldad masculina. Las hojas en la barba de Adan simbolizan nuestro pubis peludo y nuestra vulva por la que nacerá Adan.

Finalmente, la franja de flores rojas, cruzando de lado a lado el cuerpo de la vasija, simboliza el paraíso natural en el que Adan nació y que luego él mismo destruiría.
Con esta vasija representativa del nacimiento de Adan según la Historia Sagrada, la hermana Dolors Giralt quiso recordar a todos los hombres que visitaban la casa que la desgracia y la maldad llegó al paraíso con el nacimiento del macho por parte de Venus y Lilith, de esta forma remarcaba la inferioridad natural del hombre frente a la mujer y su deber moral de rendir obediencia y sumisión a mujer a la que pertenecían.
